Reflexiones


Creo en la juventud

Encontrar en la vida un deseo, una pasión para vivir, es un impulso fundamental.

Uno nunca puede pensar en el futuro si no trae la historia. La historia enseña mucho, cómo comenzó, cómo se desarrolló. Se hace camino al andar.

La Leprosería de Cabo Blanco, en Maiquetía, Venezuela, lugar espantoso donde predominaba la miseria y el dolor, fue para mí una escuela de bondad. Cuando estudiante hice una visita a Cabo Blanco. Me impresionó la situación de un grupo muy grande de pacientes, serían cerca de mil, donde la situación era tan grave que no tenían ningún tratamiento, estaban execrados, rechazados por una sociedad profundamente egoísta, incapaz de entender lo que es el dolor humano. Sentí un gran deseo de trabajar por esa gente, de ver qué podía hacer por ellos.

Una vez graduado y trabajando en ese lugar, lo primero que hicimos fue estudiar la posibilidad de desarrollar un tratamiento que curase la enfermedad, que acabase con las leproserías y con las leyes que obligaban al aislamiento compulsorio. Ese fue el objetivo.

Con un grupo de ocho jóvenes estudiantes de medicina, que tendrían para aquella época alrededor de 22 años y yo, que tenía 24, nos dedicamos con pasión a trabajar para liberar a un grupo humano que era perseguido por su enfermedad. Con nuestra vocación y la experiencia de un equipo de excelentes profesionales, dimos con una solución efectiva.

Con resultados en mano, nos dirigimos a las autoridades y les dijimos: "miren, se está cometiendo un error grave al aislar compulsoriamente a estas personas, separarlos de sus seres queridos crea una gran tragedia en los grupos familiares y nosotros encontramos una solución". Lo que teníamos era el deseo de luchar por la libertad, un derecho al que no se puede renunciar.

El prejuicio es el elemento más grave y más difícil de combatir. Creo que no se ha estudiado a fondo y parece que no es un asunto que resuelva la educación. Como decía Goethe "ser humano es un deber". El estigma afecta a la sociedad y hace extremadamente difícil el control de la afección, incide sobre la familia y sobre el enfermo mismo, quien se esconde para evitar el rechazo. No hay nada que alivie más a un ser humano de su sufrimiento, que ser liberado de la marca de un estigma.

Yo creo que los sentimientos de amor hacia el ser humano van a estimular en él la vocación de servicio, que no es otra cosa que pura y simplemente un profundo amor a la vida. El que tenga facilidades para amar a los demás, que lo haga con lo que disponga. Luchar por la felicidad de los demás, sirve para la evolución de uno como persona. Dedicarse con ahínco a tratar de mejorar la situación del prójimo es fundamental en la vida.

Lo importante es que la gente progrese, transforme su forma de vida y tenga lo suficiente para ser feliz, que tenga salud y educación. La sociedad tiene que comprender que la salud es la base para el progreso.

Para la evolución es preciso la autonomía, la iniciativa, la disposición para el esfuerzo, las evaluaciones periódicas para asegurarse de que se está en la vía correcta. Es necesario impulsar la vida del pueblo para que este tenga la información suficiente, para que se organice y obtenga los recursos requeridos. El maestro tiene que aprender, tiene que impulsar la evolución. Los padres y la organización familiar deben edificar la estructura para el desarrollo de la persona desde el comienzo de la vida.

Los hombres de ciencia, los científicos, luchamos contra lo imposible, consagrándonos a los demás, transitando los posibles caminos para lograr que la vida se parezca cada vez más a la vida. Cuando tengo un ratico libre, me gusta soñar en las otras cosas que quisiera hacer por esos otros pacientes cuyas enfermedades aun siguen sin respuesta alguna. De allí surgió el interés por el modelo de una inmunoterapia del cáncer, que venimos desarrollando como un estudio que puede resultar importante. Hay mucha gente con un lenguaje depresivo, insistiendo en que estamos mal. Creo que, al contrario, tenemos que formar a los jóvenes con la capacidad de superar las situaciones, sin importar las dificultades en las que se encuentren. Debe haber un cambio de actitud. Los hombres aman más el esfuerzo y la producción hecha por ellos mismos.

Me gustan los filósofos que hablan del porvenir y de la proyección sobre el futuro del mundo. Los países se hacen pensando y haciendo. Hay que crear un ambiente adecuado para el pensamiento. En medio de una batalla campal no se puede construir una nación. Las naciones se hacen cuando se complementan todos y se ponen de acuerdo.

Creo en la sociedad, creo en la juventud, que son los que deben cargar ese peso importante, hacer un esfuerzo enorme. Nosotros haremos, con el tiempo que nos queda, todo lo que podamos, pero ellos tienen que hacer esa carrera de relevo.

Jacinto Convit
2 de agosto, 2010

Mi Querida Venezuela

Diario Ultimas Noticias, Caracas, Venezuela, Año 66 No. 26521: 47, 2007.


Venezuela, te escribo con el objeto de rendirte cuentas sobre la utilización de gran parte de mi tiempo como médico, a partir del mes de octubre de 1938, fecha en la que obtuve el grado de doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela.

Ingresé en la misma fecha de mi graduación a la Leprosería de Cabo Blanco como residente y esto representó un hito en mi vida profesional, la que te dediqué con especial entrega desde su inicio.Las condiciones en las que se encontraba dicha leprosería eran lamentables: estaba concebida para realizar el aislamiento compulsorio de enfermos provenientes de toda tu geografía, ya que no se disponía de un medicamento efectivo para su tratamiento, se contaba únicamente con el aceite de Chaulmoogra, de muy dudosa eficacia.

El primer esfuerzo que se hizo para cambiar esa grave situación fue organizar un equipo de investigación para establecer como actividad fundamental encontrar un medicamento eficaz. Mi entusiasmo para ofrecer bienestar a tus hijos fue compartido por otros compañeros. Este equipo humano estuvo formado por ocho estudiantes de medicina de la Universidad Central de Venezuela, entre quienes permanecieron al graduarse los doctores Pedro Lapente y José de Jesús Arvelo, añadiéndose posteriormente al grupo los doctores Enrico Rassi y Zino Castellazzi, de origen italiano, y años después la doctora Nacarid Aranzazu. La búsqueda de medicamentos eficaces para el tratamiento fue larga y difícil, necesitándose como unidades de apoyo dos laboratorios: clínico y farmacéutico, lo que se resolvió con el ingreso de la doctora Elena Blumenfeld, médica, y el doctor Antonio Wasilkouski, farmacéutico, ambos de origen polaco. Siempre hemos contado con persnas de otras latitudes que también han querido brindarte su amor.

Después de algunos años de investigación, logramos determinar que un derivado de un compuesto (Sulfota), Diamino-Di-fenil-Sulfona (DDS) y la Clofazimina, tenían suficiente efectividad para curar la enfermedad. Esto tuvo una feliz consecuencia: eliminar el aislamiento compulsivo y por tanto, las leproserías donde éste se realizaba.

En los años subsiguientes, en la década de los sesenta, llevé a una reunión convocada por la Organización Mundial de la Salud en Londres, junto a investigadores de otros países que trabajaron en un proyecto similar al nuestro, los resultados de nuestra experiencia. Se preparó un trabajo científico publicado en el boletín de esa Organización (Bull. Org. Mond. Sant, 42:667-672,1970) denominado: Therapy of Leprosy, realizado por Convit, J., Browne S.G., Languillon, J., Pettit, J.H.S., Ramanujam, K., Sagher, E, Sheskin, J., Des Souza Lima, L., Tarabini, G., Tolentino, Waters, M.F.R., Bechelli, L.M. y Martínez Domínguez, V.

Los avances señalados sirvieron de base para el programa de Poliquimioterapia de la Lepra, difundido por la OMS en todos los países endémicos, suministrándose sin costo alguno los medicamentos para tratar a todos los enfermos existentes. Este programa funciona actualmente.

El objetivo más satisfactorio del esfuerzo realizado fue la eliminación de las leproserías, pasando el enfermo, de esta forma, a ser tratado en servicios de campo creados para dichas actividades. En este aspecto deseo informarte la importancia que tienen estas actividades de campo, donde el enfermo es curado de su afección sin detener las actividades como ciudadano. Y el orgullo que sentimos en lograrlo.

Tú, mi Venezuela, fuiste la primera de las naciones en el mundo en mostrar que la dignidad del ser humano enfermo de lepra debe ser preservada.

También te ofrezco 20 años de esfuerzo durante los cuales desarrollamos dos modelos de vacunación comparables, dirigidos al control de la lepra y Leishmaniasis, enfermedades éstas que la sufren buena parte de los pueblos que te habitan. Ambos modelos son efectivos en la inmuno-terapia de dichas afecciones.

Refiriéndome a la Leishmaniasis cutánea, haz de saber que desarrollamos una vacuna que resultó muy eficaz en el tratamiento, lográndose 95% de curaciones sin fenómenos secundarios. Como esta vacuna fue concebida como un instrumento social, será por lo tanto sin costo para el enfermo.

Lo mejor que tienes son tus hijos, particularmente las nuevas generaciones. De ellas queremos ocuparnos con lo mejor que hemos aprendido: nuestro amor por la ciencia. Tenemos el empeño de acercar la cultura científica a las nuevas generaciones a través de documentales que favorezcan su interés por la vida, por la investigación, la solidaridad con el prójimo, el desarrollo de un espíritu curioso y crítico. Ya venimos ofreciendo dos obras: "Ciencia y arte": la cruzada que devolvió los derechos humanos a los enfermos de lepra y "Los secretos del volcán".

Venezuela, tienes un grupo muy distinguido de investigadores científicos, no hay la menor duda de eso. Gente que ha producido cosas importantes. El desarrollo de la ciencia condiciona la evolución de los países. Un país que no tenga una ciencia evolucionada será siempre un país de tercera o cuarta categoría. Todas las grandes naciones le dedicaron a la ciencia un esfuerzo gigantesco. Y aún hoy lo hacen.

Es ya el tiempo de que todos los que te amamos, así como a nuestro pueblo, hagamos un esfuerzo conjunto para eliminar la pobreza y la falta de una educación esmerada basada en la libertad y autonomía, como seres humanos que deben ser formados para gozar de una solidaridad profunda y de un amor hacia ti y tu naturaleza y por nuestro Dios, a fin de que sea erradicada la violencia reemplazada por un amor sin fronteras, antídoto del odio, de la envidia y de la mezquindad.

Te agradezco el haber sido formado en tu seno y el haber entendido en mi tránsito en la vida asentado en ti, que es el trabajo compartido en equipo, consciente y sostenido es el más fructífero.

JACINTO CONVIT

Mariposas Amarillas

Jacinto Convit García, hijo de Francisco Convit y Martí, inmigrante catalán, y de Flora García Marrero, venezolana, nació en Caracas el 11 de septiembre de 1913, y tiene cuatro hermanos: Miguel Ángel, Reinaldo, René y Rafael.

Sus estudios de secundaria los realizó en el Liceo Andrés Bello, donde tuvo el privilegio de recibir clases del escritor Rómulo Gallegos y de Pedro Arnal. "Gallegos era excelente en matemáticas y filosofía. Muy poca gente sabe esto. Me enseñó una cantidad de cosas y salí bien en su materia. Saqué 20 puntos", comenta Convit con su hablar ronco y pausado.

De su infancia en la apacible parroquia de La Pastora, en Caracas, Venezuela, al cobijo del cerro El Ávila, atesora dos imágenes. La primera de ellas: la Tía Teté, Enriqueta Callejas, quien vivía con la familia, y que a decir de un Convit que se torna melancólico, "era un ser de esos que forma parte de la historia que pasó y no se volverá a repetir".

La otra remite a la miles de mariposas que bajaban de la montaña e inundaban las calles con su aleteo amarillo, y con las que se entretenía, especialmente en las vacaciones escolares. "...¡Eso sí era una belleza. Era la vida y punto!. Nosotros las cazábamos con unas mallitas improvisadas. Con los años, leí a García Márquez, 'Cien años de soledad' estaba cogiendo fama. Cuando leí lo de las flores amarillas, dije: ¡Hum!, éste como que vivió en La Pastora!", como señala.

Sus calificaciones, que le hicieron merecer menciones honoríficas en asignaturas como física y anatomía humana, anatomía descriptiva y topográfica, clínica médica y clínica quirúrgica entre otras, delatan su ahínco y dedicación como estudiante. "Estudiábamos mucho, con gran intensidad y había mucho que memorizar. Hubo una época en la que llegué a sentir una especie de cansancio. El número de horas que había que estudiar era grande", evoca.

Jamás imaginó Convit que su paso por la leprosería de Cabo Blanco, en el otrora departamento Vargas, cerca de la capital venezolana, sería tan decisivo. Allí asistió en 1937, aun sin haberse graduado, a instancias de Martín Vegas, quien le impartía clases de dermatología en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.).

Cabo Blanco, relata Convit, era una inmensa casona, hecha en 1906, en el gobierno de Cipriano Castro, donde se encontraban 1200 pacientes recluidos. "No sé qué era más impresionante si la enfermedad en sí o el rostro de dolor de aquellos seres. La lepra no tenía cura. A la gente la cazaban en la calle. Nadie se preguntaba que pasaría con el alma de aquellas personas, con sus familias. Los hospitalizaban tan sólo por sospechar que padecían la enfermedad. Se tapaban los espejos, como si el reflejo del mal fuese a contaminar hasta las sombras. Era un desastre".

En 1990, Convit escribía que su permanencia en Cabo Blanco fue enriquecedora en el plano personal y profesional. "Aprendí a cuidar a los pacientes desempeñando labores de médico, juez, odontólogo y consejero, que sirvieron ampliamente para enriquecer mi conocimiento sobre la enfermedad y profundizar sobre el aspecto humano de los enfermos".

Cabo Blanco pasó de ser un sitio lúgubre para ser - durante siete años - otra universidad para Convit. Una que le habría de mostrar que la esencia de la medicina más que la ciencia debía ser lo humanista. " Un médico es un ser que se debe al otro. Humanista no es estudiar literatura, ni latín ni griego, humanista es saber lo que la persona tiene y poderse poner en su lugar. Tener un concepto global."

Después, en 1938, entró como médico residente a la leprosería. De ese período, recuerda gratamente la especie de cofradía que formó con ochos jóvenes residentes quienes - con más ilusión que malicia -pensaban que la leprosería "era como una cárcel que había que destruir".

Esa prisión, oprimía a los enfermos no tanto por el cautiverio como por la soledad y el olvido del que eran objeto. "Había gente extraordinaria, pero contagiada. Más que una medicina, a veces necesitaban una conversación. A veces regañaba hasta al cura, porque se le pasaba la mano. Recuerdo que le decía: ellos también son feligreses".

En 1932 ingresó a la escuela de medicina de la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.). Cinco años más tarde recibió el título de Bachiller en Filosofía, y enseguida presentó la tesis "Fracturas de la Columna Vertebral" que le hizo merecedor del título de Doctor en Ciencias Médicas en 1838. Luego, el 25 de junio de 1940 se registró en el Libro de Inscripción de los Médicos Residentes en el departamento Libertador del Distrito Federal (actual estado Vargas) con especialización en medicina interna y enfermedades de la piel.

En aquel tiempo, el tratamiento contra la lepra consistía en el uso del aceite que se extraía de un árbol asiático llamado chamulgra. Con la colaboración de un químico danés de nombre Jorge Jorgesën, refinó el líquido y pudo atender a más pacientes.

Al proseguir con la investigación se toparon con un trabajo de un médico misionero inglés de apellido Miur, que había descubierto un producto compuesto de sulfa y el diamin llamado difenil sulfona (DDS). Entonces, buscaron la forma de conseguir varios kilos de estos componentes; y con la ayuda de un farmaceuta de origen polaco prepararon tabletas que le suministraban a los pacientes, relata el galeno. Al cabo de un año la mejoría era notoria.

"Era una maravilla, porque no había otra cosa. Entonces nos presentamos en el Ministerio de Sanidad. Iniciamos un programa de lucha antileprosa. Fuimos convenciendo a todo el mundo. Comenzó a cambiar el panorama. No tuvimos sino que meter un poco el corazón. Entrenamos a médicos para que se trasladaran a los hospitales rurales. Parecía un milagro, una película bonita", narra.

Todo este escenario, alentador sin duda, daba cuenta de que era y es posible humanizar el sufrimiento de la gente, quien, como sostiene Convit, espera que la sociedad en su conjunto actúe. Para reforzar sus ideas, cita al escritor alemán Goethe: "Ser humano es un deber".

El paso siguiente fue reclutar al equipo con el que trabajaría en los centros asistenciales. Así se estructuró una red formada por estudiantes próximos a graduarse y médicos ya graduados. Algunos de ellos eran extranjeros. "...Les hablaba de la altísima tasa de infección que existía en el país, del riesgo que corríamos. No fue un trabajo difícil reunir varios grupos de muchachos. Quien tuviera dos dedos de frente, sabía que había que hacer algo. Un médico, un hombre de ciencias, no puede quedarse encerrado en cuatro paredes. Tiene que salir a la calle y ver cuáles son las necesidades de la gente."

En 1946, Convit es nombrado Médico de los Servicios Antileprosos en Venezuela y junto a su equipo diagnostican 18 mil leprosos en todo el país, tras lo que organizan 24 centros de atención. Ya en 1949 había uno o dos servicios de dermatología sanitaria en cada estado de la nación. Ante tales logros, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) mostró interés y envío a su personal a entrenarse a Venezuela de la mano de Convit, quien insistía en que los pacientes debían ser vistos como portadores de una enfermedad igual a las demás, y, por ende, sentían, sufrían y padecían como cualquier otro enfermo lo hacía.

La inoculación del bacilo de la lepra en armadillos (cachicamos) permitió obtener el Micro Bacterium Leprae de Armadillo que en adición a la BCG (vacuna de la tuberculosis) dio origen a la vacuna contra aquel flagelo. En 1998 la tasa de enfermos de lepra se había reducido a 0.6 casos por cada 10 mil habitantes.

Luego de controlar la Lepra y otras enfermedades endémicas, Convit se plantea el reto de crear }n cejtRo de investigaciones científicas. Así, nació el Instituto de Dermatología, que posteriormente se llamó Instituto de Biomedicina de Caracas (IBC), el cual dirige desde 1972, y es desde el 2 de julio de 1973 la sede del Centro Internacional de Investigación y Adiestramiento sobre Lepra y Enfermedades afines de la Organización Panamericana y Mundial de la Salud. Allí, después de mucho esfuerzo conjunto y continuo, surgió la vacuna contra la lepra, que sirvió de base para la vacuna contra la Leishmaniasis.

En el caso de la Leishmaniasis Cutánea Localizada (LCL), la utilización del mismo modelo de vacuna de la lepra permitía inmunizar a los pacientes que mostraban deficiencias en la respuesta específica ante el parásito. En 1987 se publicó un primer trabajo, dónde se comparan a dos grupos de pacientes: unos tratados con tres inyecciones de la vacuna antilepra y otro con 20 inyecciones de antimoniato demeglumina (Glucantime), que era el tratamiento estándar de la enfermedad. Al cabo de 32 semanas, 94% de ambas muestras se habían curado, al tiempo que se observaron efectos secundarios en 5,8% del primer grupo y 52,4% del segundo. De esta forma, la inmunoterapia se presentaba como una herramienta para tratar la LCL a costos y riesgos bajos, por lo que podía aplicarse en servicios asistenciales sin ameritar la supervisión de especialistas.

Más tarde, en 1992, la Organización Mundial de la Salud (O.M.S) y el Banco Mundial efectuaron una reunión internacional de vacunas contra la Leishmaniasis en la población de Sanare, en el occidente de Venezuela, All'iicute; se reunieron expertos en la materia como K. Bahar, David Sacks, Fabio Zicker, Richard Locksley y José Antonio O'Daly (inmunólogo de John Hopkins University, de Estados Unidos, einvestigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas) y Convit, por Venezuela. Tras la presentación de las propuestas de todos los investigadores, se concluyó que el protocolo realizado por Convit y su equipo reúne todos los requisitos - en cuanto a diseño, aplicación y desarrollo general - para la posterior evaluación de la vacuna.

No obstante, se sugirió la utilización de test cutáneos de conversión después del suministro de cada dosis de vacuna. También se hizo énfasis en la necesidad de contar con "consentimiento informado" del paciente.

En su trayectoria fructífera ha contribuido al surgimiento y desempeño de diversas instituciones y asociaciones relacionadas con la labor médica, tanto dentro como fuera del país. De esta forma, es miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Dermatología y Venereología, de la Sociedad Venezolana de Alergología y de la Sociedad Venezolana de Salud Pública.

También, es miembro del Comité de Expertos en Lepra de la Organización Mundial de la Salud, de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, y de la Academia de Ciencias de América Latina, de la Academia Nacional de Medicina y de la Asociación Internacional de Lepra, de la Royal Society of Tropical Medicine and Higiene y miembro Correspondiente de la Society for Investigative Dermatology. Además, es miembro del Sistema de Promoción del Investigador (SPI en la categoría de Emérito (1994), y desde 1973 es miembro del Consejo de la Facultad de Medicina de la Universidad Central deVenezuela (U.C.V.). Entre sus numerosas condecoraciones, 45 en total, destacan: Premio José Gregorio Hernández (1955 y 1980). Premio Martín Vegas (1960), Orden 27 de Junio, UCV (1976), Orden Francisco de Miranda (1980). Título Doctor Honoris Causa otorgado por las Universidades Santa María (1981), Francisco de Miranda (1982), Nacional Abierta (1982) y la Universidad de Los Andes (1986).

Asimismo, recibió la Medalla Federación Médica Venezolana (1987) y fue postulado en 1988 al Nobel de Medicina. En 1990, fue nombrado Individuo de Número (Sillón No. XXXI ) de la Academia Nacional de Medicina. En ese mismo año, obtuvo el Premio Nacional a la Creatividad y a la Inventiva Primer Salón Nacional de los Inventos y Descubrimientos, Eureka. En 1993, se hizo con la Orden del Libertador. Más tarde, recibió la medalla "Salud para todos en el año 2000", de la Organización Panamericana de la Salud, y el premio Príncipe de Asturias.

Tras una vida prolífica, a los 97 años, este médico sostiene con vehemencia que no está cansado. Su único anhelo es continuar con el trabajo y preservar aquello que han conseguido, en el aspecto humano y material. De tal modo, resalta entre sus mayores logros el equipo de personas con las que cuenta, quienes han mostrado un alto nivel de compromiso con la medicina y con la comunidad.

Convit, el médico humanista y padre de familia, se perfila como un hombre que, sin autodefinirse como un soñador, pudo darle esperanzas a quienes tenían sus vidas sumidas en una pesadilla, producto de dos males voraces: la lepra y los prejuicios.

"No hay nada como luchar por el bienestar del hombre. El ser humano necesita sentirse respetado, tener autonomía y poder participar de forma activa en todas las actividades que lo rodean. Cuando las personas sienten que tienen voz y voto en su propia vida, están más felices".


del texto de Melanny Hernández R.

La Montaña de Odilio

La pureza de corazón y alma de un niño, la sinceridad de sus sentimientos más profundos, la solidaridad con todas las criaturas y expresiones de la naturaleza, nos ayudan a definir a un ser que está sometido a los enormes peligros de hoy en día - ignorancia, enfermedad, abandono - a pesar de vivir en una época donde el género humano ha alcanzado tan extraordinarios adelantos en muchas áreas.

El imperdonable descuido de la humanidad con sus seres más vulnerables explota dentro de nuestra conciencia cuando consideramos que más de 140 millones de niños en el mundo no tienen la oportunidad de asistir a la escuela.

Quiero contar la breve historia de uno de estos niños abandonados, cuya vida se centró en su amor por la naturaleza. Odilio tenía siete años y sufría de una infección crónica, que en ese entonces no tenía curación. Pude convencerlo de venir conmigo a Caracas, la agitada ciudad capital de Venezuela, y como concesión especial fue admitido en el Hospital. Después de un tiempo rogó que se le diera de alta, lo cual fue otorgado por el Director del Hospital. Vino directamente a mi laboratorio y comenzó a hablar de su dolor insopor|able$dE estar tan lejos de su amada montaña, que se levantaba detrás de la destartalada vivienda que representa su hogar, en una zona remota del este de Venezuela.

Su voz se quebró y su pequeño cuerpo fue sacudido por sollozos, al hablar de su profunda añoranza de volver a casa para poder ver su montaña y hablar con ella de su pena y sus sentimientos de ansiedad sobre su enfermedad. Él estaba completamente convencido que sanaría de su enfermedad y de la terrible desesperación que la enfermedad y la profunda soledad le habían producido siempre que pudiera volver a su montaña. Su único alivio lo encontraba en esa gran pasión de su vida.

Vi a Odilio de tiempo en tiempo después de eso, ya sea en mi laboratorio o en su aislado Hogar. En una de mis visitas, me preguntó si le podía llevar una pequeña armónica. Cuando se la llevé al volver a visitarlo, comenzó a tocar una extraña e inolvidable melodía, evocando lo mejor posible el sonido de la brisa que pasa a través de las ramas de los árboles de su montaña, donde viven y crecen sus esperanzas. La breve historia de Odilio se repite incesantemente en nuestros países.

Muy recientemente tuve la extraordinaria sorpresa de que la enfermedad que sufre Odilio (Leishmaniasis Cutánea Difusa), enfermedad que había descrito hace 50 años, y para la cual no había tratamiento efectivo; respondió en forma extraordinariamente positiva a un producto químico Alkyl-lisophospholipid.

Los lectores de este breve relato comprenderán lo que significa para el grupo de trabajo del Instituto de Biomedicina que después de 30 años de observación, sin haber podido resolver el caso de Odilio, encontramos la solución.

Nosotros los que vivimos en países en desarrollo tenemos la obligación de dedicarnos a luchar contra la ignorancia y la enfermedad, además de proteger nuestro frondoso medio ambiente natural. Estos deben ser los objetivos primordiales en el forjamiento de nuestro destino.

Los sentimientos que nos condujeron al éxito en este extraordinario caso, son los mismos que siempre hemos ofrecido al pueblo venezolano, esperanza, amor y solidaridad.

Pensamos que este relato debe terminar con las fotografías que expresan los magníficos resultados obtenidos con el nuevo medicamento a base de Alkyl-lisophospholilid, cuyo nombre comercial es Miltefosina.


Enviado por solicitud de "Palabras de Inspiración para el Premio Parker - Unicef. 1998.

Un debate sobre las prótesis mamarias

53 El Domingo Ultimas Noticias Domingo 28 de Octubre de 2007


Mi querida Venezuela. En carta anterior publicada en "Últimas Noticias" del 29 de julio de 2007, te presenté cuenta de mis actividades como médico. En esta oportunidad me impulsa dirigirme a ti de nuevo, con la finalidad de referirme a un grave problema que padece nuestro pueblo como consecuencia del empleo de prótesis con finalidades estéticas, concretamente a la aplicación de las denominadas prótesis mamarias que, en la mayoría de los casos, son realizadas con fines estéticos, con el pretendido fin de lograr una belleza más armónica.

La preocupación que existe en un grupo de servidores públicos ante la influencia de factores socio-económicos, socio-culturales, e inclusive éticos, vinculados a esta situación, nos obliga a dirigirnos por este medio, a los profesores, estudiantes y trabajadores de las universidades venezolanas, así como a diversas instituciones y gremios profesionales que puedan sentirse involucrados, tal como el Instituto Nacional de la Mujer, el Ministerio de Poder Popular para la salud, el Instituto Venezolano de Seguros Sociales, los colegios de psicólogos, entre otros.

Las intervenciones que se aplican en las prótesis de los senos femeninos, con la esperanza infundada de lograr la belleza armónica, ya nos trae en forma anecdótica la triste y preocupante situación de padres que durante la ceremonia del cumplimento de los 15 años de su hija, quien aún no ha logrado culminar su desarrollo físico, le han dado como regalo el financiamiento de la intervención quirúrgica. Este regalo que se basa en la confianza que generan las actuaciones profesionales, será recordado en muchos casos con pavor, al presentarse graves consecuencias provocadas por dichas intervenciones.

En Venezuela las técnicas médico-quirúrgicas son aplicadas por personal especializado, pero debido al gran aumento del uso de la prótesis mamarias, ha originado que éstas sean aplicadas también por personal no técnico, con el uso de material posiblemente no adecuado.

Esta falta de criterios definidos ante los aspectos antes tratados, ha producido una alta incidencia de fenómenos secundarios, tanto locales como sistémicos, entre los cuales mencionaremos artritis reumatoidea, enfermedades del colágeno, dolor intermitente, creando así un nuevo cuadro patológico.

Consultas realizadas a un microbiólogo, aclaran el mecanismo de producción de los fenómenos secundarios en un caso de prótesis mamarias; corroborado con la desaparición de dichos fenómenos al retirar la prótesis. Un hecho comprobado en senos con prótesis, es la producción de hemorragias intracapsulares después de pequeños traumatismos (situación por demás, frecuente), lo cual podría ser origen de muchos de los fenómenos secundarios. Este último aspecto no excluye los fenómenos secundarios observados en intervenciones realizadas por expertos.

Se ha agregado a la lamentable situación antes descrita, otras consecuencias por los tratamientos realizados por inexpertos.

Por lo tanto, ante una situación que puede crear problemas graves, sugerimos realizar consultas a profesionales con gran experiencia en el campo de la Microbiología, Medicina Interna, Oncología, Cirugía Estética, etc. Como consecuencia de la situación mencionada, nos hemos planteado algunas preguntas: (a) ¿El maltrato que ocasionan las prótesis de los senos podría contribuir al aumento exagerado del cáncer mamario observado al menos, en la última década, que junto con otras causas de origen ambiental así como genéticas intervendrían en la afección mencionada? Nadie podría contestar a ciencia cierta esa pregunta, pero existe la interrogante que plantea el aumento exagerado del cáncer mamario.

(b) ¿Las intervenciones orientadas al aumento del volumen de los senos, cuyo objetivo es lograr la belleza armónica, consigue tal vez dicho objetivo, o lo que se quiere es alcanzar como objetivo la idea peregrina que sugiere el título de "sin tetas no hay paraíso"? Pensamos que estas ideas erradas inculcadas a nuestra sociedad, a la cual debemos defender los servidores públicos, y estimulada esta situación por las actividades de instituciones multinacionales que ofrecen financiamiento para dichas intervenciones con créditos a pagar en 36 meses, mostrando un claro ejemplo del "capitalismo salvaje" denunciando fuertemente por uno de los Papas que más ha influido en nuestra formación cristiana, Juan Pablo II.

Por último, deseamos hacer énfasis en el hecho, no menos lamentable, y quizá el más crítico, de que las mencionadas intervenciones en los senos pueden provocar una perturbación de la función de las glándulas mamarias en la producción de la leche materna, escogida como alimento fundamental en el primer año de la vida del niño, y se nos antoja como un atentado al derecho humano que nuestro Dios ha dado para la perpetuación de la especie, que depende, en buena medida, del funcionamiento saludable de la función mqmarii 9 que seguramente está incluido en el significado global de la frase del extraordinario poeta William Shakespeare: "Aquellos que han saboreado la leche de la humana ternura" considerando que no existe acto humano más tierno que el de la madre amamantando a su niño.

En estos momentos de angustia colectiva, los que nos autodenominamos "servidores públicos", queremos dar a conocer estas ideas, con el objeto de llamar la atención de nuestra sociedad por la profunda inquietud que nos inspira, a nuestro entender, una amenaza contra la mujer, la belleza y la máxima expresión del género: el ser madre, al interferir indirectamente en la perpetuación de la especie.

Esperamos provocar un intercambio de ideas en un ambiente democrático y plural, donde siempre cristaliza el progreso y el desarrollo humano. Esta carta podría dar lugar a encuentros de reflexión y la elaboración de un documento a ser firmado por numerosos profesionales que han planteado la necesidad de una alerta social sobre el tema.

JACINTO CONVIT



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